Nuevo premio para "Le Grand Macabre"

El dvd de Le Grand Macabre de Ligeti, grabado en el Gran Teatre del Liceu el 2011, recibe la distinción “La réverence” de la prestigiosa revista  L’Avant Scène Opera.

Crítica de PIERRE RIGAUDIÈRE incluida en la citada revista

Chris Merritt (Piet the Pot), Inés Moraleda (Amando), Ana Puche (Amanda), Werner Van Mechelen (Nekrotzar), Frode Olsen (Astradamors), Ning Liang (Mescalina), Barbara Hannigan (Venus, Gepopo), Brian Asawa (White Minister), Simon Butteriss (Black Minister). Coro y Orquesta Sinfónica del Gran Teatre del Liceu, con dirección musical de Michael Boder; dirección escénica: Àlex Ollé (La Fura dels Baus) en colaboración con Valentina Carrosco (Barcelona, 2011).
Arthaus 101 643 (2 DVD). Formatos: NTSC 16:9. DD 5.1 y PCM estéreo, todas las zonas. Distr. Harmonia Mundi.

Al describir Le Grand Macabre (1974-1977, rev. 1996) como una «anti-antiópera», Ligeti, que se había acercado por sí mismo a la utopía de la «antiópera» con sus Aventuras y Nuevas Aventuras, hacía alarde de una relación serenada con las convenciones de un género, dando a entender al mismo tiempo, con la malicia que le era propia, que se había burlado en abundancia de las mismas. La comedia surrealista que el compositor tomaba prestada del escritor belga Michel De Ghelderode le ofrecía un fuerte potencial dramatúrgico que daba pie a una música de doble fondo, cargada de citas y de plagios, y mucho más abierta estilísticamente que sus obras anteriores.

Nekrotzar, profeta impostor, llega al principado de Breughelland. Se encuentra primero con Piet the Pot, borracho estruendoso —a quien Chris Merritt consigue dar una gran credibilidad sin dejar de mantener un excelente control vocal—, y luego con una pareja obsesionada con el placer carnal, un seudointelectual fabricante de frases y su tiránica esposa Mescalina, a la que hace deliciosamente venenosa la excelente mezzo Ning Liang. El Príncipe Go-Go, infantil y manipulado por sus dos ministros, reina sobre un gobierno corrupto y confía en unos servicios secretos tan incompetentes como omnipresentes. Nekrotzar predice un apocalipsis que acaba espantando a toda esa sociedad, pero después de una borrachera generalizada (y casi apocalíptica) no sucederá nada.

Para darle a una ópera semejante su pleno sabor sin convertirla en una farsa, se requería una puesta en escena radical y un reparto impecable. La reunión de los dos criterios hace de esta producción un excepcional éxito. La gigantesca figura moldeada de un cuerpo humano en cuclillas sirve de base a las cuatro escenas, girando progresivamente 360° y dotado de orificios que sirven para las entradas y salidas de escena. Un vídeo extraordinario proyecta texturas, rostros y huesos sobre ese cuerpo así humanizado; también se utiliza con una extraordinaria inventiva como herramienta para la luz. Un vestuario muy original (Lluc Castells), que caracteriza a cada personaje mediante un elemento o una función del cuerpo humano, completa un dispositivo orgánico en perfecta adecuación respecto a la ópera.

El intachable reparto, que reúne a varios anglófonos nativos o excelentes hablantes, saca un buen partido de la versión inglesa aquí presentada, que es uno de los avatares del libreto, redactado primero en alemán y luego adaptado a varios idiomas para diversas producciones. Entre los papeles interpretados de forma admirable, desde el punto de vista tanto escénico como vocal, se distinguen Piet, Nekrotzar, primero glacial y después ridículo, los ministros blanco y negro, un Príncipe Go-Go que aporta con su claro timbre de contratenor un valioso complemento a la gama global y la asombrosa Barbara Hannigan, que mantiene el hipervirtuosismo de coloratura exigido por Gepopo incluso en las posturas más deportivas. La magnífica página orquestal que sigue al no-apocalipsis, como en suspensión, congelada, permite apreciar al descubierto, junto a algunas otras características, la gran sutileza de la orquesta catalana, dirigida con mucha clase por Michael Boder.

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