Les veus de l'obsessió

Dr. Luis Rojas Marcos, psiquiatra

Nacido en Sevilla, el doctor Luis Rojas Marcos es un eminente psiquiatra, investigador y divulgador. Instalado en Nueva York desde hace décadas, ha sido el máximo responsable de los Servicios de Salud Mental de la ciudad y el presidente del Sistema de Hospitales Públicos coincidiendo con la asistencia crítica a las víctimas directas e indirectas de los atentados a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001.

Hemos querido invitar al doctor Rojas Marcos como una de las voces que nos ayuden a diseccionar la obsesión desde un punto de vista clínico, para acabar llevándolo al mundo del arte.

¿Qué hay de obsesivo en la creación?
Depende de la definición del concepto de «obsesión». No cabe duda de que una mente creadora necesita esa fuerza, esa obsesión. En el artista todo comienza con una cosa mental: una inspiración. Para transformar esa idea en una obra de arte tangible va a necesitar una intensidad, una energía que es la que provoca el pensamiento obsesivo. Esa energía o pasión lleva a la persona creativa a emplear su intensidad y creatividad. No olvidemos que el artista suele ser un perfeccionista («me falta esa nota», «no encuentro esa palabra»…). La fuerza de una pasión que es constructiva. En el mundo de la psiquiatría hablamos de «obsesión» para describir los pensamientos simplemente repetitivos que no tienen este matiz constructivo.

En relación con el artista ¿cómo consigue este crear un lenguaje propio?, ¿surge de esa obsesión?
De alguna manera es como el habla para una persona. Desde que tenemos la idea hasta que la representamos, esta transformación requiere pasar por tu forma de ser y tu personalidad. El carácter te ayuda a matizar la idea y a ponerla en tu obra tangible. El estado de ánimo y esa personalidad se reflejarán en el resultado final. Por otro lado, esa pasión que empieza en el artista, a menudo esta estimulada por un hecho: enamoramiento, situación trágica, pérdida, trauma…, una circunstancia que enciende el pensamiento apasionado.

¿Están bien descritas las obsesiones en los personajes de ficción, en la ópera?
En general, por mi profesión, mi mundo está en la no ficción, pero no cabe duda de que, por ejemplo, la lectura de Moby Dick de Herman Melville ha influido mucho en mí. ¡Qué manera más extraordinaria de expresar la obsesión a través del personaje del capitán Ahab del ballenero Pequod! También el cine ha recogido muy bien ideas obsesivas, como es el caso del desarrollo de algunos personajes de Titanic de James Cameron o Joker de Todd Phillips. Sin duda, el cine, el teatro y la ópera me llegan de una manera tan fuerte que pueden transforman mi estado de ánimo.

¿Cómo puede ayudar la música o el arte en los tratamientos?
La neurosis obsesivo-compulsiva es un grado más dentro de la patología. Por definición, la persona obsesiva que tiene una neurosis, y que en el fondo no quiere pensar lo que piensa, no tiene control y con acciones repetitivas acaba interfiriendo en su día a día y en su capacidad de relacionarse. Recuerdo el caso de un hombre de unos sesenta años que al salir de casa no podía evitar escribir las matrículas de los coches que pasaban, u otro ejecutivo que antes de marcharse de viaje necesitaba comprobar cien veces que tenía la maleta cerrada. Sin estos actos tenían un ataque de ansiedad. Cuando el sujeto comprende que no quiere hacerlo más, podemos considerar que ya tiene la conciencia de enfermedad y entonces hay que identificar otra actividad que le compense. Para esos casos, y a modo de prevención, recomiendo escuchar diez minutos de música, leer un mismo poema varias veces, rezar a Dios… Son acciones que rompen la compulsividad. De alguna manera resultan salvavidas necesarios para eliminar las obsesiones que interfieren en su felicidad.

¿Cómo responden las personas ante el trauma? ¿Lo canalizan a través del arte? ¿El arte ayuda en la curación?
Viví muy de cerca las devastadoras consecuencias de los ataques terroristas a las Torres Gemelas. Aquello fue muy impresionante, un trauma general que solo podríamos haber imaginado en una horrible pesadilla. En la mañana que pasó, junto a la gente que había perdido a seres queridos, estaba la parte simbólica y visual. Todo el mundo se sintió vulnerable ante la desaparición del elemento emblemático. La incertidumbre ocupó la mente de miles de personas. Recuerdo que en ese momento había gente que necesitaba explicarse a través del arte. Niños de ocho o nueve años que no representaban lo que habían visto en vivo o en la televisión, sino lo opuesto: la placidez de una orilla del río, gente paseando en paz, una mujer dando un abrazo a un niño, voluntarios haciendo la cola de un hospital… Trataban de compensar la ansiedad representando imágenes de lo contrario. Era una protección que compensaba y borraba temporalmente de su mente las imágenes trágicas de las torres ardiendo y de personas saltando al vacío.

También me acuerdo de otra persona escribiendo poemas reflejando valores de solidaridad. Sin duda, el arte ayuda en momentos difíciles. Es una forma de aliviar el estrés, la tristeza y la incertidumbre del recuerdo. En situaciones en que uno ve morir a un ser querido, puede ayudar tener una actitud creativa. El arte ayuda a menguar la angustia y a calmar la ansiedad.