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Acto I. Liù

«Signore, ascolta»

Calaf, el príncipe desconocido, ha decidido someterse a los tres enigmas de Turandot, una decisión temeraria que seguramente le costará la vida. Después de que los tres ministros imperiales Ping, Pang y Pong intenten convencerlo de no ponerse en peligro, es la esclava Liù, que está hondamente enamorada de Calaf, quien le pide que no dé ese paso fatal. El aria que interpreta, sostenida por un punteo celestial de arpa y con escaladas agudas de tremenda emoción, es pese a su brevedad una de las más bellas de todo el repertorio pucciniano para soprano lírica.

 

Acto II. Turandot

«In questa reggia»

En el primer acto, Turandot tiene un papel silencioso, y no ofrece su primer gran momento individual hasta el segundo. En esta aria, de una gran dificultad y que fuerza al máximo la tesitura para soprano dramática, la princesa explica los motivos de su crueldad: muchos años atrás, una antepasada suya fue traicionada y violada, de modo que Turandot quiere ejercer una venganza aplazada en el tiempo. Esta es la razón por la que somete a sus pretendientes a la prueba de los enigmas y a la muerte. La tensión que emerge, y la belleza que culmina el aria, es propia del Puccini más inspirado.

 

Acto III. Calaf, coro

«Nessun dorma!»

Calaf ha retado a Turandot: si ella descubre su nombre antes del alba, él aceptará morir. Mientras pasa la noche en vela, anticipa su triunfo con un aria que, no cabe mucha discusión al respecto, se ha convertido en la más celebre de todo el repertorio para tenor. Nessun dorma! es el reflejo del estado emocional del personaje: comienza con una melancolía todavía dubitativa, pero concluye con uno de los agudos prolongados más difíciles a los que se puede enfrentar un spinto, aunque, eso sí, ayudado por la chispa reluciente del coro, que sostiene su épica con una belleza insuperable.