'Le nozze di Figaro' en el Gran Teatre del Liceu con Marta Pazos y Giovanni Antonini: una nueva producción que combina teatro lírico, crítica social, amor y poder en una escenografía simbólica del pastel nupcial. Ópera de Mozart imprescindible de la temporada.
Cuando Beaumarchais escribe la comedia Le mariage de Figaro, el Antiguo Régimen se estaba diluyendo. Sin embargo, el mensaje de la obra, el entramado de enredos y la compleja psicología de los personajes siguen siendo tan vigentes hoy como entonces. En esta obra hay algo que la conecta del mismo modo con el público que asistió al Teatro Imperial de Viena el 1 de mayo de 1786 y con los espectadores que asisten esta temporada al Gran Teatre del Liceu. Y esa cosa es el enigma de las relaciones humanas que Mozart hizo inmortal a través de su trilogía dapontiana. De las tres óperas, esta es la más feliz, ligera y frenética. También es, posiblemente, la más conocida y querida, porque su lógica dramática seduce e interpela.
Es cierto que Le nozze di Figaro llevó la modernidad a la escena operística tanto por los temas que plantea como por su tratamiento musical. Pero además, en esta obra encuentro la esencia misma de la vida contemporánea: la irreverencia histórica (que provocó su censura temporal), la audacia de la trama (como la sororidad entre la Condesa y su criada o la superioridad moral de la Condesa frente al Conde) y la narrativa dramática (que lleva a los personajes al borde del desastre para ser salvados en un lieto fine). Así, la nueva puesta en escena da un giro creativo a una obra icónica.
La metáfora central es el pastel nupcial, en una escenografía de Max Glaenzel, iluminada por Nuno Meira, que simboliza el matrimonio y la pirámide social de los personajes. Cada capa refleja una jerarquía, un rol o un conflicto. La apariencia festiva oculta una estructura de poder rígida que los personajes intentan escalar, romper o mantener. Este espacio simboliza el umbral que cruzarán los dos criados de los Almaviva. El pastel representa la esencia de una vida compartida, conteniendo el futuro de la pareja.
El vestuario de Agustín Petronio concibe a los personajes como ingredientes: amor, deseo, astucia y poder se tratan como sabores que crean tensión dramática. Barbarina es miel; Cherubino, un caramelo; Basilio, el coñac. El cuerpo escénico se construye con el coreógrafo Andreas Heise.
Esta puesta en escena busca construir un metarrelato universal de la vida, alejándose de lo literal para llegar a la esencia de las bodas: celebrarlas, exaltarlas y cantarlas.
El trabajo del maestro Giovanni Antonini es esencial por su atención a la música y al texto en los recitativos.
El referente conceptual es Notes on Camp de Susan Sontag, donde el Camp se entiende como una visión del mundo basada en la artificialidad, la exageración y la teatralidad.
Marta Pazos
Directora de escena