'Falstaff', la última ópera de Giuseppe Verdi, llega al Liceu como una brillante comedia inspirada en Shakespeare. Con una música innovadora, una trama llena de enredos y humor, y la dirección de Josep Pons en su despedida como director musical, esta producción de Laurent Pelly reivindica el genio teatral y musical del compositor italiano.
- Compositor
- Giuseppe Verdi
- Idioma
- Italiano
- Duración
- 2 h 40 min
- Subtítulos
- catalán, castellano e inglés
- Actos
- 3
- Dirección musical
- Josep Pons
- Dirección de escena
- Laurent Pelly
- Reparto
- Luca Salsi, Ambrogio Maestri, Lucas Meachem, Igor Golovatenko, Carolina López Moreno, Roberta Mantegna, Daniela Barcellona, Marianna Pizzolato
Cuando Verdi empezó a componer Falstaff tenía casi ochenta años. La extraordinaria energía que había tenido en su juventud hacía mucho tiempo que se había apagado, y necesitó unos cuantos años para completar la partitura y tenerla lista para el estreno de la obra en Milán, en febrero de 1893.
A pesar de ello, aquel Verdi lento y cansado era también un Verdi en la cima de su genio, que dominaba los recursos de su oficio y acumulaba una experiencia que nadie en su gremio podía igualar. Así, gracias a su fama y a su prestigio, pudo permitirse un último esfuerzo para culminar el viaje musical de su vida y alcanzar el ideal artístico que más deseaba: la síntesis total entre música y teatro.
En el caso de Verdi, hay varias óperas que logran la excelencia en la unión de texto, música y vuelo dramático —La traviata, Don Carlos, Aida y Otello (1887)—, pero para él siempre había un margen de mejora. El ejemplo de su título final lo demuestra, porque Verdi incluso se permitió salir de las convenciones de sus propias óperas y darse el capricho de acabar su carrera reparando el tropiezo más grande que tuvo en su juventud.
La su segunda ópera, Un giorno di regno (1840), era una pieza bufa y se estrenó sin pena ni gloria. Verdi estuvo a punto de abandonar su carrera —el éxito de la siguiente, Nabucco (1842), le borró esta idea de la cabeza—, pero durante las décadas siguientes tuvo esa espina clavada, y finalmente encontró la oportunidad para quitársela y poner un broche majestuoso a su trayectoria insuperable.
Evidentemente, Shakespeare
En 1871, tras el estreno de Aida, Verdi decidió dejar para siempre la composición de ópera. Durante más de quince años permaneció en silencio, pero volvió en 1887 con Otello. Lo hizo porque el carismático Arrigo Boito le apareció delante con un libreto sublime que adaptaba la tragedia homónima de Shakespeare, y lo hacía con una altura literaria inmensa. Para Verdi, Shakespeare significaba la cima del teatro, y aunque solo había compuesto una ópera basada en un drama suyo —Macbeth, en 1847—, nunca perdió la esperanza de volver a sus textos. Gracias a Otello, Verdi recuperó un entusiasmo por la ópera que parecía haber perdido, y tras el triunfo en el estreno de esta ópera, Boito aprovechó la inercia de trabajo que había logrado con Verdi para seducirlo con un nuevo proyecto inspirado en Shakespeare. En este caso, eligió el personaje de Falstaff, que no tiene ninguna obra de teatro con su nombre en el catálogo del autor, pero que aparece en tres piezas: las dos partes de Enrique IV y Las alegres comadres de Windsor. ¿Quién es Falstaff? Al principio es el mejor amigo del príncipe Hal, que rompe la relación con él cuando se convierte en el rey Enrique IV. Falstaff se siente abandonado y se entrega a una vida de cinismo y excesos, y al comienzo de la ópera, que toma sobre todo el argumento de Las alegres comadres de Windsor, lo encontramos en una taberna convertido en un viejo descuidado, gordo y empobrecido, pero que en cambio se cree que aún tiene encanto y poder de seducción.
“Escrita por Arrigo Boito a partir de dos obras de Shakespeare, la ópera presenta una serie de enredos que generan situaciones disparatadas y un gran juego de inteligencia.”
Acusado de robar y necesitado de dinero, a Falstaff se le ocurre un plan absurdo: enamorar a dos damas de buena posición, la señora Ford y la señora Meg Page, para que le paguen sus caprichos. Los dos sirvientes de Falstaff, Bardolfo y Pistola, consideran que es una propuesta penosa que atenta contra su honor, y después de que su amo los despida, se van a la casa del señor Ford en Windsor para advertirle de que Falstaff intenta corromper a su esposa. Al mismo tiempo, la señora Ford y la señora Meg Page han recibido las cartas de amor de Falstaff, y se mueren de risa y deciden trazar un plan para dejarlo en ridículo. Así comienza la parte más complicada del enredo: la señora Page acepta recibir a Falstaff para burlarse de él, y paralelamente, sin que ella lo sepa, su marido hace lo mismo, también para poner a prueba la fidelidad de su esposa. En un segundo acto de una comicidad brillante, Falstaff va a casa de los Ford y acaba escondido en un cesto de ropa sucia cuando el marido llega inesperadamente y cree que su mujer lo engaña. Finalmente, el bufón es lanzado al río Támesis (dentro del cesto de la ropa).
En el tercer acto, y después de varios enredos y nuevas humillaciones, culmina la burla: el pueblo de Windsor convoca a Falstaff por la noche en un bosque, donde se harán pasar por hadas y fantasmas para asustarlo. También se cierra una trama secundaria: la hija de los Ford, Nannetta, consigue esquivar las intenciones de su padre de casarla con un médico viejo, el doctor Caius, y en medio de la confusión logra que se oficie un matrimonio con su novio secreto, el joven Fenton. Al final, tanto Falstaff como el señor Ford reciben un severo escarmiento de un equipo de mujeres inteligentes y astutas. Así fue como Verdi concluyó su carrera en la ópera con una gran risa, con una comedia deliciosa.
La alegre despedida de Josep Pons con un magnífico elenco
Para que una función de Falstaff llegue a buen puerto, no solo se necesitan buenos cantantes, sino que estos cantantes sean también buenos actores. Esta ópera es muy diferente dentro del catálogo de Verdi: apenas hay arias famosas, su lenguaje está más cerca del siglo XX que del Romanticismo, y su mayor virtud reside en la integración absoluta de música y texto. La escritura orquestal es compleja y grandiosa, cada palabra tiene el significado justo, y todas las melodías están al servicio de la acción, y no para que los cantantes se exhiban. Esto no significa que la partitura no sea sublime —ya que está llena de lirismo y de momentos admirables—, pero lo importante es que Falstaff es teatro cantado, una secuencia de canciones en un teatro.
“El maestro Josep Pons, que se despide de la dirección musical del Liceu, liderará todas las funciones desde la fosa de la orquesta, ofreciendo así un último regalo al público del teatro.”
En estas funciones en el Liceu, el papel protagonista —siempre reservado a bajos-barítonos de larga experiencia y presencia física imponente— lo defienden dos especialistas: los italianos Luca Salsi y Ambrogio Maestri. Con ellos, están las sopranos Carolina López Moreno y Roberta Mantegna como la señora Ford, las mezzos Gemma Coma-Alabert y Laura Vila como la señora Meg Page, y las también mezzos Daniela Barcellona y Marianna Pizzolato como la señora Quickly. El cuarto papel femenino, Nannetta, para soprano lírica, lo cantarán Serena Sáenz y Maria Miró. En los roles masculinos tenemos a los barítonos Igor Golovatenko y Lucas Meachem como el señor Ford, y a los tenores Santiago Ballerini y César Cortés como Fenton. El tenor Josep Fadó es el doctor Caius, y los criados de Falstaff, Bardolfo y Pistola, son, respectivamente, Pablo García-López y Alessio Cacciamani.
En cualquier caso, entre el equipo artístico hay una figura que, de manera excepcional, acapara gran parte del protagonismo en estas funciones. Josep Pons, que ha sido director musical del Liceu desde el año 2013, se despide del cargo con una ópera a su medida: exigente para la orquesta, que equilibra a la perfección los lenguajes del romanticismo y del primer modernismo y que tiene un valor simbólico especial. La etapa de Pons en el Liceu ha sido inolvidable, y aunque volverá a partir de la próxima temporada como director invitado, era de justicia cerrar el ciclo con alegría y optimismo.
El gran teatro del mundo
En las próximas funciones presentamos la propuesta de Falstaff firmada por Laurent Pelly, una producción original del Teatro Real de Madrid que se mantiene fiel al deseo de Verdi: ser teatro en su expresión más alta. Pelly es un gran especialista en comedias, y en Falstaff encuadra a los personajes en entornos realistas que permiten potenciar todas las situaciones teatrales y provocar todos los efectos que busca la obra: la vergüenza ajena que sentimos por Falstaff, la admiración que nos causa la inteligencia de las comadres, la sensación de enredo imposible de resolver, la atmósfera mágica del final del tercer acto… La taberna donde vive Falstaff se convierte en esta producción en un bar restaurante de estilo antiguo, barroco, recargado de botellas y espejos, mientras que las escenas en Windsor tienen lugar en un espacio interior con forma de laberinto o de escalera de Escher: las situaciones se complican allí dentro, hasta que finalmente se resuelven en el exterior, en el bosque del tercer acto. Allí es donde Pelly alcanza el momento estéticamente más bello y donde se permite un detalle conceptual brillante: al final de la ópera, cuando Falstaff pronuncia sus famosas últimas palabras —“todo en el mundo es una burla”—, el escenario muestra un espejo gigante en el que se refleja toda la platea.
“El reparto estará encabezado por los barítonos Luca Salsi y Ambrogio Maestri, dos especialistas en el papel de Falstaff, con grandes recursos cómicos y una voz admirable.”
Shakespeare dijo que el mundo era un gran escenario, y esta producción, al servicio de una obra de gran profundidad humana, recoge esa idea: no es solo una fusión perfecta de teatro y música, es música al servicio de todas las emociones y todas las inteligencias, y su dramatización no se queda en el escenario, sino que traspasa la esfera del mundo real. Era lo que quería Verdi, y el prestigio continuo de su última ópera le da la razón. No es la composición más famosa, ni la que tiene los números musicales más memorables, pero es posiblemente su ópera más sólida en conjunto, la que confirma la inmensidad de su genio.
Momentos musicales clave
Acto I, Falstaff
“L’onore! Ladri!”
Falstaff no tiene muchas arias ni grandes momentos en solitario para los cantantes: está la intervención de Fenton en el tercer acto, algunos pasajes de Nannetta… y este monólogo del protagonista al final de la primera escena, en el que reprocha a sus criados que no tengan ningún sentido del honor. Este fragmento es el préstamo más evidente que Arrigo Boito tomó del texto de Enrique IV, un añadido al argumento de Las alegres comadres de Windsor que tiene la virtud de presentar de manera completa el carácter de Falstaff: cínico, pero noble; fanfarrón, pero sin verdadera maldad. Además, obliga al intérprete a dar lo máximo no solo en la parte vocal, sino también en la credibilidad dramática de su actuación.
Acto III, Falstaff
“Tutto nel mondo è burla”
Después de descubrir que ha sido víctima de un gran engaño, Falstaff decide tomarse la humillación con humor: comprende que no ha sido el único que ha caído en una trampa y que nadie escapa a la complejidad del mundo; así pues, lo mejor es afrontarlo con deportividad. Esta parte final de la ópera no solo tiene una frase célebre, sino que es una ostentación compositiva de Verdi, que utilizó la forma antigua de la fuga para culminar su ópera más moderna. El resultado musical es insistente y, al mismo tiempo, permite que el resto de los personajes, que se suman al coro, participen del mensaje optimista de la ópera.